El 27 de setiembre es la fecha que nos hemos fijado para renunciar a
Cumplir la palabra dada es para nosotros más que un compromiso un imperativo moral y ético que hace a nuestra manera de entender
En las pasadas elecciones internas, el 27 de junio de 2004, nos fue depositada la confianza y la enorme responsabilidad de ser la mayoría del Partido y luego se nos confió la candidatura única a
Nos sentimos satisfechos con la labor cumplida. Logramos devolver al Partido su mística y en particular restablecer el diálogo y contacto con el ciudadano de todo el país. Nos movió el ánimo de hacer que este colectivo un instrumento nacional, hacer del Partido que fuera más Nacional que Partido.
Asumimos el desafío de conducir al Partido no con la idea de ser el nacionalista más importante, sino ser el blanco más trabajador, más dedicado y vigilante de las ideas, valores y principios de todos los blancos de nuestra rica historia.
Las circunstancias que emergieron de las elecciones nacionales de 2004, determinaron un escenario inédito en la política nacional ante el primer gobierno del Frente Amplio y en ese escenario nos correspondía posicionar al Partido con posturas claras y ejercer el rol que nos asignó la ciudadanía, ser la primer Oposición y conducirla.
Entendemos haber ejercido el rol convenientemente, siendo duros en la crítica al gobierno y constructivos y generosos con el país, haciendo honor a la enseñanza de Wilson respecto a que los blancos privilegiamos a la gente y la patria por sobre lo partidario y sectorial, “al país todo, al gobierno lo que merezca”.
En oportunidad de discutir la integración de los cargos de contralor en los entes y empresas públicas tuvimos el primer gran diferendo con el gobierno. Luego que renegaran de un acuerdo ya establecido, tornando ineficaz y estéril la posibilidad de efectivo control y un impertinente e irrespetuoso ultimátum que diera a nuestra colectividad el Presidente de
Defendimos en esa ocasión asimismo la institucionalidad de la noción de control en el Estado. La discusión no fue por cargos, sino porque eso cargos sirvieran para cumplir nuestro mandato que era controlar, sin esa posibilidad, los cargos perdían significación sustancial. Fracasaron por tanto aquellos que pretendieron avasallar al Partido.
Pudimos en esta gestión proceder a una actualización ideológica de la colectividad y se aprobó una nueva Declaración de Principios que permite insertar nuestros tradicionales y sentidos valores, principios e ideas en un escenario moderno. Nos posicionamos así en el liberalismo igualitario y solidario, entendido como la defensa de la libertad, como valor como fin en sí mismo, y la procura de una igualdad entendida como igualitario acceso a las oportunidades.
También fue modificado en este período
En el Directorio también tiene su espacio
Hemos creado también
Pensamos que nada sustituye el contacto con la gente, con el gran destinatario de la actividad política como es el ciudadano. Por ese motivo, como en toda nuestra vida política, no sustituimos ese necesario diálogo y contacto con la gente. Hemos puesto en marcha intensas recorridas por todo el país, recorriendo barrios de Montevideo y de ciudades del interior, pueblos y villas, en una lógica de Asamblea, recibiendo las inquietudes y requerimientos de la población, en un diálogo franco y directo, llevando la visión del Partido Nacional a todos los rincones del país.
La impronta de nuestra gestión la ha marcado la unidad, entendida no como avasallamiento de los que nos tocó ser mayoría sobre las minorías, sino como resultado del diálogo y consenso, no confundiendo unidad con unanimidad ni retaceando el democrático derecho a disentir. Ese es el valor que entendemos necesitaba el Partido y necesita Uruguay, unidad construida, cimentada sobre el intercambio de todos los pareceres y visiones, utilizando la diversidad como activo de una unidad durable, real y útil. Nuestro país no resiste más continuar abrevando de las polarizaciones y las visiones maniqueas. Esa es la garantía que podemos brindar, porque solo quien exhibe unidad, puede convocar hacia ella. La unidad para nosotros no es retórica o discurso, es prédica y práctica.
Hoy nadie discute que el Partido Nacional es el gran contendor del oficialismo frenteamplista. Somos la gran alternativa nacional. Somos la alternativa positiva. Hemos guiado el Partido respetando una identidad construida durante 172 años de lucha, con desvelos, triunfos, sueños e ilusiones de blancos de todos los tiempos. Esa identidad propia nos condiciona positivamente. No somos contradicción o negación de nadie, porque quien pretende construirse como negación de algo termina tan solo siendo el negativo de ese algo, la versión opaca y triste de “otro”, pierde su identidad, se vacía la propuesta y ata su existencia a ese proceso de negar. Termina dominando la mezquindad.
Somos la alternativa positiva del país, somos alternativa por ser distintos, por tener una identidad propia, inconfundible, no asimilable a ninguna otra, con una visión y proyecto de país propios. Pero somos más que eso, somos el elemento positivo en el sistema político nacional. Eso es hoy, nuevamente, el Partido Nacional.
Con la tranquilidad de haber ejercido el mandato conferido con la mayor voluntad, esfuerzo, honestidad y toda nuestra capacidad, volvemos a la puja sectorial con el ánimo y la intención de renovar la confianza y someternos a la soberanía partidaria para reintentar alcanzar la mayoría partidaria primero y contender por la victoria en las elecciones nacionales de 2009 después, y hacer que esa victoria sea de las únicas que sirven, hacer que alcance el significado que enseñaba nuestro caudillo, hacer que valga la pena construyendo un país integrado, más justo, digno y próspero.





